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Leonardo
Da Vinci N° 8, noviembre-diciembre de 2003 |
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| Derrota de Uribe Una campaña contra la corrupción y la politiquería que derrochó los recursos del erario y acudió al clientelismo desvergonzado se volvió contra el gobierno. La victoria fue de la abstención Álvaro Uribe se empeñó en que el pueblo colombiano le refrendara toda su política de congelar salarios, reducir pensiones y dificultar, aún más, el acceso de las fuerzas oposicionistas al Parlamento, el cual, además, se vería debilitado frente al poder Ejecutivo. El autocrático mandatario contaba con que, al aprobarse el Referendo, se abriría paso su reelección. Movido por esas ambiciones, elaboró un cuestionario farragoso y cargado de preguntas que demostraban que Uribe considera a los colombianos más ingenuos de lo que realmente son. Pero la propia forma de la actividad proselitista dio un mentís a las promesas. Mientras que sostenía que el Referendo se enfilaba contra la corrupción y el despilfarro fiscal, gastaba con desfachatez los recursos públicos en promover su proyecto. Funcionarios de ministerios, embajadores y él mismo abandonaron todas las obligaciones para dedicarse a esta campaña electoral. Ofreció becas y trabajo, preferencia para planes de vivienda y permisos dobles a quien votara; sus capitanes de campaña distribuyeron carnés del Sisben, y el aspirante a dictador vitalicio dispuso que el parque automotor de departamentos y municipios quedara a disposición de sus tenientes electorales. Lo que se ofrecía como la muerte de la politiquería, se promocionaba echando mano del más descarado de los clientelismos. Los gremios del gran capital destinaron cuantiosos recursos a la propaganda y chantajearon a los trabajadores, sobre quienes pendió la amenaza de que aquellos que no demostraran haber sufragado, perderían el empleo. La misma intimidación velada recayó sobre los empleados públicos. La democracia de participación mostró su rostro autoritario. La propia embajada norteamericana se apresuró a llamar a votar el Referendo, y el Fondo Monetario y los financistas internacionales dieron a entender que si la iniciativa naufragaba, otro tanto le ocurriría a Colombia. El vivo interés de los poderosos hacía dudar de los beneficios que se ofrecían a los desamparados. Uribe y sus ministros menospreciaron la inteligencia de sus conciudadanos, y recibieron el merecido castigo. El resultado del 25 de octubre es una victoria de los
trabajadores y del pueblo colombiano. En ella jugaron un papel importante
numerosas organizaciones sindicales y políticas y la natural desconfianza
de la gente frente a los promeseros. La Gran Coalición Democrática
contra el Referendo hizo un esfuerzo para desentrañar el engaño
de dicho proyecto, igualmente, la Dirección Liberal adoptó
un actitud digna y le salió oportunamente al paso a los intentos
de fraude. Uribe, que convocó el Referendo asegurando que lo hacía
por respeto a la voluntad popular, busca imponer en el Congreso las medidas
que el pueblo le rechazó en las urnas. De todas maneras, el gobierno
enfrenta dificultades para cumplir sus compromisos con el Fondo Monetario
y las aspiraciones reeleccionistas se fueron a pique. |
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